Tiermas: el pueblo abandonado que emerge del embalse de Yesa
| Lugar | Tiermas |
| Provincia | Zaragoza |
| Comunidad autónoma | Aragón |
| Tipo de enclave | Villa fortificada y antiguo balneario junto a un embalse |
| Causa del abandono | Expropiaciones y pérdida de tierras por el embalse de Yesa |
| Estado actual | Núcleo superior en ruinas; balneario visible solo con niveles bajos |
| Índice de oscuridad | 4 / 5 — desarraigo, agua y memoria |
Tiermas no desapareció de una sola vez. Primero perdió sus tierras, después sus vecinos y, por último, una parte de su paisaje quedó sometida al nivel cambiante del embalse de Yesa.
Sobre la ladera permanecen las ruinas de la antigua villa fortificada. Más abajo, donde funcionó un balneario conocido por sus aguas termales, el pantano decide qué puede verse. Cuando el nivel desciende, regresan muros, caminos y bañeras cubiertas de barro. No es un pueblo que emerja entero del agua, como suele resumirse: es un territorio dividido entre lo que quedó arriba y lo que el embalse oculta.
Dónde está Tiermas y qué parte puede visitarse
Tiermas pertenece al municipio de Sigüés, en la provincia de Zaragoza, junto al límite con Navarra. Se encuentra en la orilla norte del embalse de Yesa, en un corredor histórico que comunica el Pirineo aragonés con la cuenca de Pamplona. Jaca queda hacia el nordeste y el monasterio de Leyre domina la sierra al otro lado del agua.
El núcleo superior es accesible por los caminos permitidos, pero se trata de un conjunto ruinoso: hay desprendimientos, vegetación y estructuras sin mantenimiento. La zona del antiguo balneario depende por completo del nivel del embalse. No existe una fecha garantizada para verlo y nunca debe cruzarse barro inestable ni entrar en construcciones deterioradas.
Una villa fronteriza antes del pantano
Mucho antes del embalse, Tiermas ocupaba una posición estratégica sobre el valle del río Aragón. Su recinto amurallado, sus puertas y la iglesia recordaban una época en la que controlar el paso entre reinos importaba tanto como cultivar las tierras próximas al río.
La población vivía de la agricultura, la ganadería, los servicios del camino y las aguas termales. El casco alto y el balneario inferior formaban dos caras de una misma localidad: arriba, la vida cotidiana protegida por la ladera; abajo, un establecimiento que atraía visitantes en busca de baños medicinales.

Las termas que conocieron los romanos
Las aguas calientes de Tiermas eran conocidas desde la Antigüedad. La tradición termal se mantuvo durante siglos y terminó organizada alrededor de un balneario con instalaciones para baños y alojamiento. El manantial brotaba en la parte baja, muy cerca del cauce que después ocuparía el pantano.
Hoy, cuando el agua retrocede, algunas personas acuden al barro y a las surgencias termales. La imagen resulta poderosa, pero conviene evitar una lectura romántica: las superficies pueden ser resbaladizas, el nivel puede variar y las ruinas no son un recinto acondicionado. Que algo quede al descubierto no significa que sea seguro ni que esté autorizado cualquier uso.
El embalse de Yesa y el abandono
La construcción del embalse expropió las mejores tierras de Tiermas y alteró la economía que sostenía al pueblo. El abandono fue consecuencia del desarraigo, no de una inundación repentina del casco urbano.
El pantano de Yesa entró en servicio en 1960. Sus aguas afectaron a Tiermas, Ruesta y Escó, además de caminos, campos y formas de vida vinculadas al río. Aunque la parte alta de Tiermas no quedó sumergida, la pérdida de las zonas de cultivo y del balneario hizo inviable la continuidad de la comunidad.
Las familias se marcharon durante los años siguientes. Las casas quedaron vacías y el deterioro hizo el resto. Por eso la frase «el pueblo que emerge del pantano» es eficaz, pero incompleta: lo que reaparece con la sequía es sobre todo la franja baja. El verdadero pueblo lleva décadas a la vista, abandonado sobre la ladera.

Lo que el agua devuelve
En los periodos de nivel bajo aparecen restos que normalmente permanecen ocultos. El barro marca en las paredes la altura alcanzada por el agua; las antiguas líneas del terreno vuelven a dibujarse y el embalse parece retirar durante unas semanas la versión moderna del paisaje.
Ese regreso es temporal. Las lluvias y la gestión hidráulica pueden cubrirlo de nuevo. La incertidumbre forma parte de Tiermas: cada fotografía corresponde a un momento concreto y no debe convertirse en una promesa para el visitante.
Hipótesis del Cartógrafo

Tiermas inquieta porque rompe la idea de que un lugar pertenece por completo al pasado o al presente. Sus ruinas superiores siempre están ahí; las inferiores aparecen y desaparecen. Entre ambas queda una comunidad ausente cuya historia no depende del agua para ser recordada.
Mi hipótesis es que el embalse funciona como un archivo involuntario. No conserva las casas: las erosiona. Pero cada descenso del nivel obliga a mirar de nuevo una decisión que el paisaje parecía haber cerrado. Lo que emerge no es un fantasma. Es la prueba material de que el progreso también deja ruinas.
No entres en edificios inestables ni camines por barro blando. El nivel del embalse puede cambiar y las ruinas inferiores no forman un balneario acondicionado. Respeta cierres, propiedades, indicaciones locales y el recuerdo de quienes tuvieron que abandonar Tiermas.
Fuentes consultadas
- Turismo de Aragón: las aguas termales bajo el embalse de Yesa.
- Escapada Rural: termas y pueblos afectados por Yesa.
Otros lugares del mapa
Continúa por otros enclaves donde una decisión histórica dejó calles vacías y paisajes suspendidos.
El agua puede cubrir una ruina, pero no termina de cerrar la historia que la dejó vacía.
— El Cartógrafo Oscuro
